🌿Un llamado nacido del dolor, la fe y el amor por la Patria
En tiempos en que la violencia intenta silenciar la verdad y quebrar el espíritu de un pueblo, la memoria de quienes entregaron su vida por sus convicciones se convierte en un llamado profundo a la justicia. El asesinato de Roger y Fabián no solo hiere a sus familias y a quienes caminaron a su lado, sino que interpela la conciencia moral de una nación entera —incluidos aquellos que, aun viviendo lejos de Colombia, siguen amándola y honrándola con fidelidad. Esta reflexión nace desde ese dolor, pero también desde la luz de la fe y de la enseñanza cristiana que nos recuerda que la justicia y la piedad son deberes sagrados hacia Dios, hacia nuestros padres y hacia nuestra patria.
El asesinato de Roger Mauricio Devia y Fabián Cardona, coordinadores del movimiento Defensores de la Patria en el departamento del Meta, ocurrido el 15 de mayo en el municipio de Cubarral, dejó una profunda herida entre quienes trabajaban con ellos. En su mensaje, Abelardo de la Espriella expresó que, aunque su alma está quebrada, permanece más firme que nunca. Señaló que ambos fueron “dos patriotas asesinados cobardemente por el narcoterrorismo mientras llevaban la bandera de esta campaña y el sueño de una Colombia distinta”, y pidió justicia por lo ocurrido.
Los describió como hombres del pueblo, valientes y comprometidos, que caminaban las calles defendiendo la democracia, la libertad y la esperanza de millones de colombianos. No eran políticos de escritorio: eran personas que creían en la patria y se negaron a arrodillarse ante la violencia. Según lo expresado en su mensaje, su “único delito” fue servir con convicción y no ceder ante el miedo.
Un movimiento que se niega a callar
El movimiento Defensores de la Patria rechazó con fuerza este crimen y advirtió que la criminalidad sigue amenazando a quienes denuncian la impunidad y los abusos de los grupos armados. De la Espriella, quien también ha recibido amenazas, afirmó que no se quedará en silencio y que la sangre derramada no será en vano. Para él, el sacrificio de Roger y Fabián es un llamado a seguir adelante con más carácter, más claridad moral y más determinación.
La enseñanza de Santo Tomás de Aquino
A la luz de estos dolorosos acontecimientos, la enseñanza de Santo Tomás de Aquino resuena con fuerza:
Santo Tomás de Aquino sitúa la virtud del patriotismo dentro de la virtud de la Piedad —pietas—, que ordena nuestros deberes de reverencia y honor hacia nuestros padres y hacia nuestra Patria, conforme al Cuarto Mandamiento.
También enseña que la persona humana está en deuda, después de Dios, con sus padres y con su patria; por ello, así como la religión rinde culto a Dios, la virtud de la piedad nos llama a mostrar reverencia, gratitud y servicio hacia quienes nos dieron la vida y hacia nuestra Patria.
Una Lección Histórica: Cuando el Silencio Permite que el Mal Avance. Cuando una nación no resiste el mal.
La historia nos ofrece una lección contundente. Tras la caída del régimen nazi, Alemania no fue juzgada como una nación de criminales, pero sí se vio obligada a enfrentar las consecuencias morales de haber permitido que el mal avanzara mediante el silencio, el miedo o la indiferencia. El mundo comprendió que, aunque no todos los alemanes eran culpables, el Estado y parte de la sociedad cargaban con una responsabilidad colectiva por no haber resistido a tiempo.
Este ejemplo histórico nos recuerda que, cuando la violencia, la injusticia o el terror golpean a nuestra Patria, los colombianos no podemos permanecer callados ni pasivos. El silencio se convierte en terreno fértil para las fuerzas que buscan destruir la verdad, la dignidad y la nación misma. Amar a la Patria es defenderla —con valentía, con claridad moral y con la convicción de que la indiferencia nunca es una opción.
La advertencia de la Iglesia: el peligro de las falsas soluciones políticas a cambio de la apostasía.
La Iglesia misma nos advierte, en su enseñanza más profunda, que antes del retorno de Cristo la humanidad enfrentará una gran impostura: falsas soluciones que prometen redención a cambio de abandonar la verdad. El Catecismo explica que este engaño —anticipado cada vez que se pretende construir un paraíso terrenal por medios puramente humanos o políticos— culmina en el seudo‑mesianismo del Anticristo, donde el hombre se coloca en el lugar de Dios. Por eso la Iglesia rechaza todo proyecto que, bajo apariencia de justicia o progreso, exige la apostasía moral o espiritual. El Reino no llega por triunfos humanos, sino por la victoria final de Dios sobre el mal. Esta enseñanza ilumina nuestra responsabilidad como colombianos: no dejarnos seducir por falsas promesas, no callar ante la injusticia y no entregar nuestra conciencia a quienes buscan dominar la historia sin Dios.
La Patria que llevamos dentro
Esa Patria —la tierra que nos vio nacer y crecer, que fue testigo de nuestros triunfos y fracasos y que, con silenciosa pena, vio partir a muchos de nosotros en busca de un futuro mejor— permanece como un vínculo espiritual y moral que la distancia no puede romper. Desde esta perspectiva, el amor a la patria se convierte en un deber de justicia y de gratitud, vivido con responsabilidad, rectitud y fidelidad, sin importar dónde nos encontremos.
✨ Su memoria se convierte en semilla de esperanza
La memoria de Roger y Fabián —dos hombres que dieron la batalla por sus convicciones— permanece viva en quienes continúan trabajando por un país donde la violencia no tenga la última palabra.
Oración
🌟 Llamado final a la reflexión
Que este doloroso acontecimiento no pase como un hecho más en la historia del país, sino como un recordatorio profundo de lo que significa amar la verdad, defender la dignidad humana y honrar a la patria con responsabilidad moral. Cada uno, desde donde esté —en Colombia o en el exterior— puede contribuir a la construcción de un país más justo, más humano y más fiel a los valores que sostienen la vida y la convivencia. La memoria de Roger y Fabián nos invita a no callar, a no rendirnos y a mantener viva la esperanza de una Colombia reconciliada con la verdad.
Que Dios ilumine a Colombia y fortalezca a quienes no se cansan de buscar la verdad. Que esa Verdad, que es Cristo, sea nuestra guía; la justicia, nuestro camino; y defender a nuestra patria y la democracia, nuestro compromiso.
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